miércoles 12 de agosto de 2009

AGRADECIMIENTOS







AGRADECIMIENTOS

En primer lugar, quiero dar mis gracias más sinceras a todos los colaboradores del proyecto, a esas personas que trabajan cada día y que dejan una parte de lo que ganan para repartir ilusión y mejorar la vida de otros. Gracias a todos ellos porque si no, nada de esto tendría sentido ni sería posible. Gracias de verdad por confiar en mí mes a mes y creer en lo que hago. Gracias por confiar en mi transparencia y en mi honestidad. Gracias por su generosidad. Y muchísimas gracias en nombre de cada uno de los niños.

Gracias a Isa, a Santi y Maye, y a Ángeles por unirse a las ayudas a lo largo de mi estancia. ¡Bienvenidos!

Gracias a aquellos que al volver de mi primer viaje a la India me animaron e impulsaron a crear este pequeño proyecto y que me dieron mucha fuerza para tirar hacia delante con él. Realmente ha merecido la pena. Gracias.

Gracias a mi marido, por alimentar mis pasiones, por entender lo que todo esto significa para mí y por apoyarme siempre. Gracias por estar a mi lado día a día, por respetar mis ausencias sin reproches y por tu permanente disposición. Gracias por tu amor incondicional.

Gracias a mis padres, por aguantar 21 noches de incertidumbre y preocupación. Gracias por respetar lo que amo a pesar del sufrimiento que les supone. Gracias por enseñarme lo que es el amor. Gracias por enseñarme lo que es el respeto a la vida, a la naturaleza y a las personas. Gracias por vuestra humildad. Gracias por regalarme este gran viaje.

Gracias a mi prima Ali que la noche antes de irme me impulsó a abrir este blog dándome algunas instrucciones. Gracias por tus clases y por ser mi primera seguidora de blog.

Gracias a todos los seguidores del blog, que me han acompañado en este viaje y han impedido que me sienta sola. Muchísimas gracias por arroparme y por el calor transmitido a través de esos preciosos comentarios y mails, que me llenaban de fuerza e ilusión noche tras noche. Gracias por compartir mis sentimientos, pensamientos y experiencias y por fundirse con ellos. Gracias por tener ese ratito cada día en un mundo de estrés y prisas y por interesarse por estos maravillosos niños. Gracias, de verdad, por el apoyo y por hacer que todo esto tenga aún más sentido.

Gracias a Nehru y a Ruby por abrirme las puertas de su hogar y hacerme sentir como en casa. Gracias por esa comida cocinada con tanto amor y por su empeño en que me sienta bien día tras día. Gracias por cuidar de los niños todo el año, por motivarles en los estudios y por llenarles de fe.

Y gracias a los niños. Gracias por dejarme entrar en sus corazones. Gracias por regalarme esa magia, esa humildad y esa inocencia. Gracias por ser tan agradecidos y valorar hasta el último gesto de cariño. Gracias por todo lo que me han enseñado y transmitido. Gracias por esas sonrisas que nunca olvidaré. Gracias por llenarme de amor.

Despedida










LUNES, 10 DE AGOSTO DE 2009

Hoy me he levantado con el corazón dividido. Una parte de él está muy triste por tener que dejar atrás a estas criaturas tan lindas con las que tanto he compartido estas 3 semanas. Otra parte de él está alegre por volver a casa junto a mi marido y mi perra que me han esperado pacientemente.

La despedida siempre es dura, es durísima, sobre todo cuando ya has superado el proceso de adaptación y estás disfrutando de la convivencia de verdad; sobre todo cuando empezamos a ser una gran familia unida y feliz. Pero es lo de siempre, tanto ellos como yo sabemos que es algo temporal, y por eso aprovechamos hasta el último minuto de mi estancia, por eso no piso mi habitación hasta las 12 de la noche, cuando ya los pequeños están dormidos, para pasar el mayor tiempo posible a sus lados. Pero hoy, llegó el temido día; llegó el día del adiós.

A las 18h salía el coche hacia el aeropuerto, así que a lo largo del día intercalaba ratos de empaquetar cosas y de estar con mis niños. Nehru, Ruby y yo nos sentamos por última vez a terminar trabajo una horita. Como despedida, Ruby me hizo una comida especial: Chapati con un acompañamiento buenísimo. La verdad es que Ruby me ha cuidado como una madre, es más buena que el pan.

Rogesh vino también a la despedida y por fin, con un rickshaw que parecía nuevo. Había cambiado los sillones y la tapicería. Ahora es un rickshaw “de lujo.” Estaba tan contento que no se lo creía. Como agradecimiento colocó mi nombre en uno de los laterales del vehículo. “Todo esto es gracias a ti. Me has ayudado mucho. Muchas gracias. Te prometo que los niños estarán bien. Yo me voy a ocupar de ello”, me decía entre lágrimas. “Eso es lo único que yo te pido a cambio, por favor, cuida de los niños y anímales, que contigo lo pasan muy bien y eres un buen hombre”, le respondí yo.

A medida que se iba acercando la hora del adiós, me invadían cantidad de sentimientos. LA PENA era enorme, el apego a los pequeños era un hecho y ahora debía hacer un gran trabajo interior para superar la distancia. LA SATISFACCIÓN era muy real, me iba con todos los objetivos cumplidos y con el trabajo terminado. LA TRANQUILIDAD INTERIOR aparecía por saber que el dinero que tan generosamente han aportado nuestros colaboradores ha sido bien invertido, haciendo muy felices a los niños, mejorando mucho sus condiciones de vida y brindándoles experiencias que nunca jamás olvidarán. La tranquilidad aparecía por saber que me he entregado al 100% y que más no hubiera podido hacer. LA ALEGRÍA se asomaba al pensar en la suerte que he tenido de tener esta experiencia y de lo lleno que está mi corazón. Alegría de saber que mi familia me estaba esperando en casa ansiosamente, pero que aquí tengo otra familia maravillosa que tendré presente cada día. LA ANSIEDAD de pensar que éstos serían los últimos abrazos y las últimas miradas hasta la próxima visita. Sus voces las seguiría escuchando por teléfono. EL AGRADECIMIENTO era inmenso, hacia todo y hacia todos.

Al salir ya de mi habitación con las maletas terminadas, los niños me esperaban sentaditos en la sala listos para despedirse. Las caras de los niños reflejaban horror y yo me esforzaba por mantener la sonrisa que tanta tranquilidad les daba. Algunos niños me habían preparado regalos de despedida, así que uno a uno se fue levantando y entregándome su regalo. Me regalaron cartulinas con dibujos, flores y corazones, manualidades preciosas y cartas de despedida que abriría más tarde en el avión. Me regalaron una flor de cartulina con una foto central de todos los niños conmigo y con el nombre de cada uno de los miembros de la gran familia escritos en los pétalos que rodeaban la foto. “Esta flor la colgaré al lado de mi cama y cada noche rezaré por ustedes y les daré las buena noches como siempre”, les dije. Poco a poco algunos niños empezaron a llorar hasta que aquel salón parecía un velatorio. Allí lloró hasta el apuntador. Me levanté y fui despidiéndome uno a uno con un abrazo gigante y muchos besos. Algunos se me agarraban al cuello y no me soltaban. Otros lloraban desconsolados y tenía que calmarles. Otros no podían mirarme a la cara. Fue durísimo. En varias ocasiones tuve que abandonar la sala para controlar mi llanto y sacar la energía para seguir fingiendo mi sonrisa. El pequeño Bovas entró en estado de shock, dándonos un buen susto a todos. Sus ojos se quedaron en blanco, lloraba y lloraba, pero no respondía. Lo saqué en brazos, le mojamos la cara con agua y le dimos leche caliente de beber. Poco a poco fue despertando hasta quedar profundamente dormido. Vaya susto nos llevamos.

Me acompañaron todos al coche, algunos me daban sus últimas buenas noches, otros me daban sus últimos besos en las manos hasta que la puerta se cerró. Todos sacudían sus manos diciendo “Bye!!!!”. Empezaron mis suspiros, ¡cuánto les quería!

Nehru y Ruby me acompañaron al aeropuerto. En el coche conversamos, hicimos balance de todos los momentos, nos dimos las gracias mutuamente y Ruby no paraba de llorar. “Vienes de otro país, te quedas en nuestra casa sin ningún tipo de comodidades ni facilidades para ti, soportas el calor, te pones enferma y no protestas, te entregas a los niños, piensas en ellos antes que en ti misma y a través de tus amigos y familia nos ayudas muchísimo. Eres un regalo que Dios nos ha hecho y lloro porque aún no me lo creo después de la miseria que hemos pasado. Gracias, Lucía”, me decía entre sollozos. “Ruby, en tu casa estoy mejor que en ningún hotel, me cuidas como a una hija, tengo a los niños siempre cerca y me siento como en mi casa. Yo soy feliz haciendo lo que hago, me nace del corazón y también le doy las gracias a Dios por haber encontrado a gente generosa dispuesta a colaborar en esto. Gracias a ustedes por haber fundado un orfanato, por haber compartido lo poco que tenían con niños que tenían menos aún y por cuidar de los niños todo el año. Gracias por alimentarles y abrirles las puertas a una educación y por enseñarles lo que es la fe.”

Me acompañaron hasta la puerta del aeropuerto y allí nos íbamos diciendo adiós en la distancia, hasta que desaparecíamos de nuestro campo visual. Hice todos los trámites, pasé los numerosos controles y llegué a la puerta de embarque. Sólo entonces, cuando me quedé en mi soledad, sentada y con la mirada perdida, me convertí en un mar de lágrimas que no podía controlar. Cantidad de imágenes me recorrían la mente y me derrumbé. Dejé de contenerme y di rienda suelta a mis emociones. Lloré, lloré y lloré sin parar hasta que caí rendida en uno de esos asientos incómodos del avión para despertarme a las 6 horas.

Aterricé en Alemania y todo volvía a estar limpio, la gente volvía a ser blanca, volvía a entender el idioma y la comida empezaba a ser familiar. Sin embargo yo seguía llevando encima el aroma a jazmín, las voces de mis niños seguían resonando en mi cabeza y mi corazón aún sentía el calor de esos últimos abrazos.

Llegué a Barcelona y mi estupendo marido me esperaba con todo el cariño del mundo y con los mejores manjares preparados. A mi perra casi le da un ataque al corazón al verme y no se me despega ni un segundo. Me di una ducha de media hora con varias manos de jabón y disfruté de todos esos sabores que echaba de menos. Colgué la flor en mi ventana, di las buenas noches a todos los pequeños y pedí por ellos. Me acosté en mi cama y mi espalda reposó plácidamente. 13 horas más tarde desperté, mi cuerpo estaba molido, pero empezaba a recuperarse.

Sin duda, este viaje ha merecido mucho la pena. Lo que he vivido, lo que he aprendido y lo que he sentido no lo olvidaré nunca. Ahora seguiré trabajando y luchando por seguir ayudando en la distancia mes a mes y pronto programaré una nueva fecha de visita para incentivarme.

Siento que no hay nada más grande que hacer felices a los demás. No hay nada más hermoso que llenar de ilusión y amor corazones que se sienten solos y abandonados. Siento que no hay nada como regalar esperanza.

domingo 9 de agosto de 2009

Tus nuevos padres










Nota: En las fotos pueden apreciar los nuevos uniformes de los niños, así como los nuevos pijamas. También está la foto de los nuevos admitidos y de las maletas.
DOMINGO 9 de AGOSTO de 2009
Hoy, a pesar de ser domingo, a pesar de ser mi último día, Nehru y yo seguimos trabajando sin parar. Por la mañana, Nehru, Ruby y yo seguimos con las compras pendientes. Hoy hemos comprado algunas maletas, ya que las de algunos niños están completamente estropeadas y oxidadas y son bastante peligrosas porque cortan. La organización en este centro es que la ropa de diario y objetos personales de cada niño son guardados en pequeñas maletas. Cada niño tiene su rincón en la cabaña con sus pertenencias y cada uno tiene una maleta. Muchos las han heredado de antiguos niños y literalmente están para tirar a la basura. Bastante lástima me da ver a cada niño doblando y colocando sus cuatro pertenencias en sus maletas como para que éstas luego ni cierren y sean un trozo de hojalata abollada y oxidada. Así que decidimos cambiar las que ya están inservibles. La ropa nueva y bonita se guarda bajo llave en los armarios nuevos que hemos comprado, porque si no, la estropean en pocos días.
Además compramos un montón de material de oficina para Nehru, ya que en cuanto me vaya, va a montar su oficina en mi habitación. Los chicos que nos invitaron a cenar el otro día le han comprado una mesa de oficina y está encantado, porque era lo único que le faltaba, ya que nosotros le compramos la silla y la mesa del ordenador. Hemos establecido nuevas formas de trabajar, así que hemos comprado todo lo necesario. También compramos el material nuevo para las nuevas admisiones: toallas, jaboneras, cepillos, etc. Mañana les entregaré mi colchoneta y almohadas. Aprovechamos también para pasar por el dentista a que nos diera hora para Dinesh, pero resulta que el médico sigue fuera y no llega hasta el miércoles. Me quedé muy decepcionada, porque me hacía mucha ilusión acompañar a Dinesh en su operación. Él me pidió que aplazara mi vuelta 5 días para que esté con él, pero no puedo. Nos dieron hora para el jueves. La dentista me dijo que no me preocupara, que todo iba a salir bien. Yo confío en ella. De vuelta a casa le pedí a Rogesh que nos llevara a su casa. Fuimos a visitar a su mujer y le regalé unas pulseras y un vestido de recién nacido. Si es niña, la pequeña Lucía llevará la ropita que le regaló su aunty Lucía, me hace mucha ilusión. Ellos se quedaron emocionados.
Al llegar a casa, vino mi amigo el de la tienda con los 2 niños huérfanos de su pueblo y 2 de sus parientes lejanas. Hicimos la entrevista. Se llaman Saraswathi y Manikan, son hermanos y tienen 7 y 8 años. Su madre murió hace 4 años de cáncer y hace 40 días murió su padre de SIDA. No tienen abuelos y sus tíos tienen 3 hijos y no pueden hacerse cargo de ellos. ¿Por qué la vida es tan dura con algunos?, comencé a pensar una vez más. La tía se nos echó a llorar, que no podía hacerse cargo y que lo sentía mucho. La niña también lloró, no quería que la dejaran. Fue un momento durísimo. Mucha necesidad tiene que pasar la gente para dejar atrás a 2 criaturas sin más, otra explicación no encuentro, porque si no, es que no tienen corazón. Aceptamos la admisión. “Ahora tus padres son ellos, ¿vale?”, “Ellos van a cuidar de ustedes”, les decían. Tras una hora de charla, de enseñarles el centro y de despedida, las 2 mujeres y mi amigo se fueron y los niños se quedaron aquí, con el vacío, con el sentimiento de abandono, con la incertidumbre de lo que va a ser de sus vidas a partir de ahora. Les espera un gran trabajo de adaptación: papá ya no está, hemos cambiado de ciudad, de colegio, de amigos y de familia. ¿Cómo consiguen adaptarse? Lo cierto es que lo hacen y en unas semanas ya están sonriendo como el resto de los niños. Eso sí, los comienzos son duros. A la media hora, al niño le entró un ataque de nervios y angustia y me lo encontré tirado en el suelo agitándose, gritando y llorando hasta ahogarse. En seguida fui a por él, me lo puse en las rodillas, lo calmé, le dimos unas galletas y pedimos a los demás niños que les ayudaran a adaptarse. Por la noche recibió mi ración de cosquillas y se revolvía y se reía como los demás. Eso me tranquilizó, porque esta tarde tuve que retirarme a abrir el grifo de mis ojos un día más. Sigo sin entender porqué la vida es tan agria cuando veo a personas inocentes sufrir sin merecerlo, me duele muchísimo.
Reunimos a todos los niños en el hall, hicimos la presentación de las nuevas admisiones e hicimos la repartición de los nuevos uniformes escolares. Uno a uno se lo fue probando y comprobamos que las medidas eran correctas. Hicimos una sesión de fotos y pasamos a entregar las maletas nuevas. En un segundo se armó la revolución en la cabaña, los niños cambiaban sus maletas y aprovechamos para limpiar y redistribuir los sitios. Se quedó todo muy limpio y ordenado y todos contentos. Las 3 nuevas admisiones recibieron también maleta y el resto de material que les faltaba, ya que los niños de hoy trajeron, como Prapu, una bolsita de plástico con sus cuatro pertenencias.
Acabamos agotados de tanto sudar y de no parar en todo el día, así que, como les había prometido, les puse la película de Robin Hood. Mientras, Nehru y yo nos volvimos a sentar a completar algunas fichas de los niños.
Hoy fueron mis últimas buenas noches en directo, así que me los comí a besos, algunos no me soltaban las manos, otros me la apretaban mucho, otros me abrazaban con fuerza y alguno lloró. Los acaricié uno por uno hasta que comprobé que los 29 niños estaban dormidos y tranquilos. Sólo entonces, me retiré al fin a mi habitación, estando ésta patas arriba, a trabajar en este blog, que tanto me ha ayudado a expresarme y a recibir el cálido apoyo de la gente que me ha acompañado durante este viaje tan lleno de sentimientos y emociones, que me nacen desde lo más profundo de mi ser.

Declaraciones











Nota: En las fotos pueden apreciar el resto de habitaciones pintadas.Como ven, ha quedado una casa multicolor, pero es lo que a ellos les gusta. La casa parece otra, está muy agradable y bastante más limpia.

SÁBADO, 8 de AGOSTO de 2009


Hoy ha sido un día muy especial. No tengo palabras para expresar lo que hoy he sentido, es algo que no se puede explicar.
Ya con la casa pintada y más o menos en orden, hemos decidido hacer una celebración especial. Por un lado queríamos celebrar el cumpleaños de Dinesh, ya que mañana va al dentista y el lunes no podría comer pastel. Por otro lado queríamos celebrar mi despedida.
Por la mañana vino el costurero a entregarnos los uniformes de los colegios. Al final se dio prisa y trabajó duro para tenerlos a tiempo. Como era un día especial, me pidieron que me pusiera un sari para la ocasión y acepté. Ruby y Gladis me vistieron con un sari precioso que habíamos elegido el otro día. Ruby me entregó algunas joyas de “oro” que finalmente acabó regalándome con cabezonería. Los niños se quedaron boquiabiertos al verme. “Super! Aunty! Super!”.
Hoy se unió a nosotros Prapu, el nuevo miembro de la familia. Estaba muy contento. Fui a revisar sus pertenencia y lo único que tenía era una camisa y un pantalón, 2 uniformes, un cepillo de dientes y dos bolsas llenas de libros y libretas. Eso es todo. Ni maleta, ni esterilla, ni cama, ni almohada, ni más ropa, ni toalla, ni jabón… En fin. Mañana iremos a comprarle el material que le hace falta.
A eso de las 14h vino mi amigo, el de la tienda, a comer. Le enseñamos el centro y le gustó mucho. Mañana traerá a dos niños huérfanos, que su abuela no puede mantener y buscan un hogar. En el patio, una humareda salía de la leña que calentaba el caldero gigante que guisaba el “Chicken Bigriani” más delicioso de la historia.
Después de comer hicimos una sesión de fotos con los niños, que también se habían puesto sus mejores galas. Cuando se había ido un poco el calor (por decir algo), subimos todos a la cabaña a empezar con el programa y las funciones. En primer lugar sacamos la tarta de cumpleaños de Dinesh y cantamos para que soplara las velas. La sonrisa no le cabía en la cara. No se lo esperaba para nada. Le dimos su regalo de cumpleaños, una camisa y unos pantalones, que fue rápidamente a ponerse para no quitárselos en toda la tarde. Cortó la tarta y la repartió entre todos.
Al terminar, repartimos los pijamas que habíamos comprado y las pulseras. Se quedaron muy contentos, porque no se lo esperaban y nunca habían tenido un pijama. Cada noche se acostaban con la ropa del día.
Después se sucedieron una serie de actuaciones, como bailes, canciones, teatro, números de circo, payasos, etc. Cada uno mostraba lo que sabía hacer. Hasta Ruby hizo su demostración, imitándome, y los niños se tronchaban de risa. Yo también bailé con las niñas y lo pasamos en grande. Fue una tarde muy especial.
Hicimos una pequeña reflexión final y espontáneamente, niño por niño, se levantaba y se me acercaba para hacerme una declaración. Salieron palabras tan bonitas y tan duras de sus bocas que, por mucho que lo intenté, no pude contener mi emoción. El llanto de los niños apenas les dejaba hablar, pero ahí se mantenían hasta el final, mirándome a los ojos con esa magia y entregándome sus almas uno a uno. Lloramos todos juntos sin parar, Nehru, Ruby, la madre de Nehru y Gladys incluidos. Entre las cosas que estos ángeles me decían estaban:
“Cuando te vayas, por favor, no estés triste y no llores por nosotros, porque estás en nuestro corazones y siempre te tendremos cerca”
“Si te vas en avión, por favor, ten mucho cuidado, abróchate el cinturón y llámanos cuando llegues”.
“Yo no tengo madre ni padre y para mí tú eres mi madre y mi padre, me lo has dado todo y por eso te estaré siempre agradecida”.
“Te voy a echar mucho de menos, todos los días rezaré por ti, cuídate mucho”.
“Has venido aquí y nos has dado cosas que nunca pensamos tener. Nunca antes había dormido en una cama ni había tenido zapatos. Nos has dado uniformes, cepillos y pasta de dientes, toallas, armarios, ropa, pijamas, etc. y mucho amor. Eso nunca lo voy a olvidar. Muchas gracias”.
“Da de nuestra parte las gracias a tus familiares y amigos que nos ayudan porque gracias a ellos ahora vivimos mucho mejor, podemos tomar leche caliente antes de ir a dormir, podemos dormir en camas y llevar los libros en una mochila al colegio. Eso y muchas otras cosas, así que muchas gracias a todos”.
“Tú me has curado mis heridas cada día. Cuando me ha pasado algo me has curado. Ningún familiar mío hubiera hecho eso por mí y ahora mi dedo estaría muy mal. Gracias”.
“Tú me has llevado al médico cuando me he puesto mala. Mis parientes mi hubieran dado arroz blanco y no me hubieran hecho caso. Muchas gracias”.
“Nos has llevado de excursión y al parque de atracciones. Ni en mis mejores sueños imaginé que algún día iría a estos sitios, pero tú y los que nos ayudan han hecho que eso sea posible y hayamos podido disfrutar y pasarlo muy bien. Nunca olvidaré estas excursiones. Muchas gracias”.
“Hoy me has dado la oportunidad de entrar en este centro. Has entendido mi situación y me estás dando la oportunidad de terminar mis estudios. Te prometo que no lo voy a desaprovechar. Estudiaré muy duro para intentar obtener una beca del gobierno que me permita ser médico algún día. Rezaré por eso y rezaré por ti. Gracias”.
“Tú viste cómo sufrimos cada día yendo al colegio descalzos y caminando y viniste con nosotros. Ahora nos has puesto un transporte y nos has comprado zapatos y te estoy muy agradecido por eso. Tenemos mucha suerte. Gracias”.
“Aunty, te queremos mucho, no llores, porque nosotros estamos en tu corazón y tú estás en los nuestros. Así siempre estaremos cerca”.
Éstas y muchas otras cosas fueron saliendo espontáneamente de esas boquitas de inocencia y humildad. Nehru y su madre también me hicieron una declaración y finalmente yo me declaré a todos. A medida que los niños iban viniendo y me decían palabras tan bonitas desde sus corazones, yo, por dentro (y por fuera), me desmontaba, me rendía a sus pies. ¡Cuántas cosas he aprendido de estos niños! ¡Cuánto me han entregado! Lo que he vivido aquí no tiene precio. No importa el calor, la cagalera, ni el constante olor a pis. Tampoco importa comer arroz día tras día, ni dormir sobre duro, ni convivir con cucarachas, ratas, escolopendras, lagartos, ranas y murciélagos. Todo esto merece muchísimo la pena, estas palabras y este agradecimiento tan grande que estos niños sienten hacen que soporte eso mucho más. Estos niños me han robado el corazón, me han dado una lección de humildad. Me han enseñado lo que es vivir conforme a lo que hay, sin quejarse, ni llorar por las esquinas por sus desgraciadas vidas. Me han enseñado lo que es la resiliencia y ser feliz adaptándote a las adversidades. He aprendido lo que es no perder nunca la sonrisa, ni aunque te hayan abandonado y nadie se ocupe de ti. Me han enseñado lo mucho que merece la pena regalar esperanza, porque se aferran a ella y se hacen aún más fuertes y más alegres; porque les hace pensar que no están solos y que, en un país llamado España, hay gente que trabaja duro y comparte lo que gana para ayudarles a ser más felices; porque saben que en ese país tienen una madre que les quiere con locura y que reza por ellos cada día; una madre que cada día desde su cama les sigue dando las buenas noches a todos mirando sus fotos…

sábado 8 de agosto de 2009

Los intocables










VIERNES 7 de AGOSTO de 2009

Con que estuve trabajando hasta tarde en el blog, me levanté una hora más tarde de lo previsto. Salimos a eso de las 10:00h hacia el pueblo de Nehru, parando antes en un solar que se vende. Nuestro sueño es comprar un solar y construir un orfanato que disponga de todo lo necesario y podamos admitir a más niños, pero eso ya son palabras mayores. Quizás en un futuro sea posible, la esperanza es lo último que se pierde. De momento seguimos pagando el alquiler. Mientras, vamos comparando precios y zonas donde lo podríamos desarrollar. Hemos visto 2: uno el otro día de camino a la excursión que me gustó mucho; otro ayer que no me gustó nada, porque está perdido en medio de la nada y, aunque es un suelo muy muy barato, allí estaríamos aislados sin ningún tipo de servicio cerca.
El camino hacia el pueblo es muy bonito. Se tarda una hora en llegar y el paisaje combina llanuras plantadas de maíz y arroz con zonas pedregosas y palmeras. Por la carretera nos cruzábamos rebaños y familias andando de un pueblo a otro con las cabezas cargadas de leña. A medida que nos adentrábamos en el continente, el aire se iba haciendo más y más caliente. Con las ventanas del coche bajadas, el aire caliente me abofeteaba la cara en lo que intentaba disfrutar el paisaje superando los latigazos de mis pelos con un pañuelo en la cabeza. El agua de mi botella estaba a punto de entrar en ebullición y ya era imposible de beber porque te ardía la boca.
El pueblo de Nehru me encantó si ignoramos los 60 grados de calor que hacían. Un conjunto de casas hechas con barro y paja daban cobijo a distintas familias que en seguida salieron a recibirnos. La casa de Nehru está bastante abandonada y la que fue su primera vivienda estaba convertida en una ruina a causa del último monzón. Por suerte, en los últimos años habían podido construirse una casa de cemento al lado y la choza la usaban como cocina. Otra choza en su mismo solar que usaban para rezar era otra ruina por la misma razón. Los techos de paja estaban hundidos y las paredes de barro deshechas. Pueden verlo en las fotos. Ruby se echó a llorar nada más bajar del coche. Desde la muerte de su suegro no había vuelto a visitar la zona y muchos recuerdos le vinieron a la mente. Yo la abracé. Nehru también se emocionó. Nos vimos rodeados de mujeres que vinieron a ver a la maestra. Tanto la madre como el padre de Nehru eran los profesores escolares del pueblo y eso es una posición muy respetada. Nos caminamos todo el pueblo y la gente iba saliendo de sus casas asombrada. Las niñas venían y pude comprobar que muchas de ellas no están escolarizadas y que se dedican a trabajar en las casas y con el ganado. Saqué varias fotos, las que me dejaron, porque se me ponen delante diciendo” a mí, a mí” y luego quieren que se las enseñe, entonces dejan de ser fotos espontáneas y tardo mucho tiempo en complacer a todo el mundo. Al terminar de caminarnos el pueblo y al acabar la madre de Nehru con sus gestiones, volvimos al coche para regresar.
En el camino de vuelta, Nehru me dijo: “Mira, Lucía, ése es un pueblo de intocables”. Él sabe que me interesa esa casta y que me cuesta entender la discriminación que sufren, así que le dije: “Para el coche, vamos a hacer una visita”. Por desgracia, la sociedad india se divide en muchísimas castas sociales, siendo la más baja la de los intocables. A estas personas no se les permite absolutamente nada. No tienen derechos, no pueden mezclarse con el resto de la sociedad y se alimentan de gatos, cuervos y lo que encuentren en la basura. En la ciudad viven en la auténtica miseria, en cobertizos improvisados en las orillas de las calles, la gente pasa por al lado sin mirarles. Ruby dice que son muy sucios y al alimentarse de lo que encuentran contraen enfermedades y por eso no pueden mezclarse con los demás. Pero, ¿de qué se van a alimentar si no les dan opciones? En los pueblos es distintos. Al menos viven en casas de barro y paja y pueden relacionarse libremente entre ellos porque en el pueblo sólo están ellos. Eso sí, no se les permite ir a otros pueblos, así que viven marginados. Al bajarme del coche me cargué de adrenalina. ¿Cómo reaccionarían? Pues la verdad es que estaban encantados. Empezaron a salir personas de las casas, gritando y sonriendo. El pueblo estaba bastante sucio, así como los niños. Todos me rodeaban y no paraban de darme las gracias. No me pidieron ni una sola rupia, sólo me sonreían y me daban las gracias. ¿Gracias por qué? Gracias a ellos por dejarme entrar en su pueblo y recibirme tan bien. Una mujer entró en su casa y salió corriendo con un collar que me regaló y me colocó ella misma. La gente me pedía que sacara fotos, de sus hijos y familiares, así que no paré. Cuando acabamos de recorrernos el pueblo, nos pidieron unas oraciones, así que Nehru dirigió unos rezos y nos fuimos. Fue una experiencia muy bonita e impactante. La próxima vez que venga lo haré con las fotos impresas y se las regalaré.
Al llegar a casa sufrí las consecuencias del calor, un día más me dio un ataque de calor y para variar, no había luz, es decir, no había ventilador. Me tiré un rato en el suelo y comí bastante bien, así que me repuse sin problemas. Al poco tiempo empezaron a llegar los niños del cole en el rickshaw. Yo acompañé a Rogesh a recoger a los más pequeños que se llevaron una gran sorpresa al verme. Volvimos todos como sardinas en lata, pero fue muy divertido.
Al llegar al orfanato había una cara nueva. ¿Y este niño quién es? El niño que quiere ser médico se había traído a un amigo del colegio que quiere vivir con nosotros. Se llama Prapu, tiene 15 años y es muy buen estudiante, de los primeros de la clase. Gnana Sekar nos dijo que ayer se le había puesto a llorar, que no aguantaba más vivir en casa de su tía, porque allí no le querían, y que no tenía a dónde ir, porque no quiere dejar de estudiar. Resulta que también quiere ser médico y lo tiene muy claro. Su madre se suicidó hace 5 años y su padre se fue a otra ciudad con otra mujer sin querer saber nada de él. Se afincó en casa de su tía, donde le hacen la vida imposible y nos pidió quedarse con nosotros. El niño estaba temblando, su cara reflejaba el pánico y la soledad que vivía y su única salida son los estudios, así que le abrimos nuestras puertas. Hoy mismo se lo va a decir a su tía y mañana se instala con nosotros. Sus ojos se le iluminaron, brillaban muchísimo y nos daba las gracias tímidamente y con miedo. Nehru y yo le gastamos unas cuantas bromas para que se relajara, ¿cuánto habrá sufrido? ¿Qué le habrán hecho para que tenga tanto miedo? Dios mío, mi alma se me agranda y agranda y veo que no tiene límites para querer a todos estos niños. Me encantaría darles todo el amor y el calor que no han tenido, pero no me queda tiempo… Poco a poco.
Por la noche, nos fuimos todos a cenar a un restaurante. Un grupo de estudiantes de ingeniería nos invitó en honor al 5º aniversario de la muerte de un compañero de la universidad. Qué buenos chicos. Llevan 5 años haciéndolo y se les ve la gratificación que sienten al ver a los niños disfrutar de la comida. Lo cierto es que estaba todo buenísimo y les dimos las gracias varias veces.
Al volver, estuvimos una horita jugando, los niños estaban revolucionados y no se querían acostar, porque “aunty, tomorrow no school!”. Después tuve un momento precioso con una de las niñas que se escapa del colegio a pedir, quiero creer que ya no lo va a hacer más. Nos entendimos perfectamente con las miradas y después de que sacara todas sus lágrimas contenidas, cayó rendida y se quedó dormida en mis brazos, recibiendo caricias cargadas de amor en su pelo.
Yo, un día más, me voy reconfortada a la cama, sabiendo que he entregado mi alma y que ésta, cada día, se vuelve a llenar hasta rebosar con las almas que me entregan los demás.

jueves 6 de agosto de 2009

En mi soledad

Después de la larga caminata, hoy me levanté bastante tarde. Desayuné un plátano y medio coco y me di un baño reconfortante. Nehru, Ruby y yo nos volvimos a ir de compras en lo que los pintores seguían pintando la casa. Fuimos a comprar la tela blanca que nos faltó para los uniformes y estudiando el presupuesto, me daba también para comprar pijamas. ¡Bieeeen! Cuántas ganas tengo de ver a los niños acostándose con los pijamas en lugar de con la ropa sucia e incómoda de la calle. Compramos camisones para todas las niñas y una especie de meybas (¿Se escribe así? Nunca había escrito esta palabra…) y camisilla de tiros para los niños, bastante espantosos, por cierto, pero bueno, aquí es lo que se usa y estaba muy bien de precio. Nehru está hecho todo un experto en eso de regatear. No se corta un pelo.
Ruby y yo nos fuimos a la tienda de mi amigo, el del color verde, a comprar pulseras para todas las niñas. Se alegró muchísimo de verme de nuevo y al fin teníamos una intérprete y podíamos contarnos cosas a través de Ruby, dejando las señas y la imaginación a un lado. Por fin pudo saber qué estoy haciendo aquí, escuchar sobre el orfanato y cosas sobre mí. Yo pude saber que una temporada de su vida también fue voluntario como profesor de niños huérfanos y que Dios lo premió entregándole a su mujer, por la que se siente muy afortunado. Ya tenemos dos cosas en común, pensé. Me habló de sus hijos y del orgullo que siente por ellos por ser estudiosos y trabajadores. Pasamos un par de horas en su tienda, charlando y eligiendo las pulseras. Este señor me transmite algo muy grande y parece que es recíproco. A través de su mirada puedo ver su corazón y hoy, al ver su corazón, lloré. Me emocioné al ver su bondad y su generosidad conmigo. Me invitó a comer el sábado en su casa con toda su familia, pero tenemos pensado hacer un programa especial en el orfanato, así que le invitamos nosotros a comer aquí y aceptó. Nos habló de dos niños huérfanos que conoce, que buscan un centro donde vivir y le abrimos nuestras puertas. Después de pasar un rato muy agradable y de que nos regalara varias cosas para las niñas, mi estómago ya pedía comida y justo aparecieron Nehru y Rogesh.
Llegamos a casa a las 18:30h y nos sentamos a comer. Al acabar, repartí plátanos a los niños como merienda y pasamos bastante rato jugando a las palmitas, hasta que llegó la hora de rezar. Mientras, el pintor daba la última capa de pintura a la cocina y decía que seguiría hasta terminar. Nos pidió quedarse a dormir aquí para continuar mañana temprano con el trastero. ¿Se imaginan? Pues si ahora voy al hall, el pintor está durmiendo allí en el suelo tan a gusto. Por el olor a pintura que hay, las niñas duermen hoy todas juntas en un cuarto, y los niños duermen todos arriba, en la cabaña. Subí a dar las buenas noches a los pequeños, cuando de pronto me pasa un pájaro por al lado. “Este pájaro está desorientado”, pensé. No, no, ¡es un murciélago! Se había metido en la cabaña y volaba como loco a nuestra altura buscando la salida. ¿Por qué? ¿Por qué me pasa de todo con los bichos? No me atrevía a levantarme. Siempre me creí la leyenda de que se te enredan en el pelo y que te chupan la sangre y eso que se oye… Los niños cogieron sus sábanas como salvajes para espantarlo, pero era peor. Empecé a reptar por la cabaña con Vijay como escolta y conseguí salir. Pero el murciélago se quedó allí, revoleteando sobre esos angelitos ya dormidos.
Me retiré a mi habitación cuando una cucaracha gigante rebuscaba entre mis cosas. ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? Otra vez salí al pasillo dando gritos. El equipo de “superhéroes al rescate de Aunty” consiguió sacar al bicho vivo de mi habitación, una noche más. Ellos se explotan de la risa, pero yo ya noto bichos por todas partes. Aún así, intento no obsesionarme porque si no, no vivo. Lo mejor es no pensar en ellos y si te los encuentras, te llevas un sustillo y ya está. Ahora voy a descansar unas horas, que mañana me espera un día muy interesante. Nos vamos al pueblo de Nehru. Desde que murió su padre, cerraron la casa en la que vivía y no han vuelto a entrar. Mañana Nehru quiere enseñarme cómo ha vivido su infancia, para que entienda lo enormemente agradecido que está por nuestra ayuda y por las cosas de las que puede disfrutar en la actualidad. Según parece, en los pueblos vive gente pobre, en pequeñas cabañas de palmera, que trabaja el campo superando como pueden las extremas condiciones climatológicas y sudando las pocas rupias que consiguen para comer. Tengo muchísimas ganas de conocer la vida allí, porque algunos de nuestros niños que no son huérfanos, tienen a sus padres viviendo en estos pueblos en condiciones tan duras, que no pueden cuidar de sus hijos ni ofrecerles educación escolar, así que prescinden de ellos a cambio de que sobrevivan y tengan oportunidades mejores. Vamos a ver qué tal, espero que merezca la pena. Salimos a las 09:00h.
Ya va quedando menos y mi corazón empieza a encogerse al pensar que en pocos días no podrá disfrutar de estos pequeños, de estas miradas, de estos abrazos, de estas sonrisas, y las primeras lágrimas, en mi soledad, empiezan a derramarse. Sin embargo, cuando estoy con ellos intento transmitir tranquilidad, seguridad y alegría y saboreo, al tiempo, cada minuto que paso junto a ellos.

Luna llena












MIÉRCOLES 5 DE AGOSTO DE 2009


Amanecí bastante mejor, estaba bien descansada y la fiebre y los dolores habían desaparecido. Tras desayunarme mi manzana y mi mango, estuve ayudando en las tareas de la casa. Los pintores ya iban bastante avanzados y la casa empezaba a parecer otra cosa, aunque estuviera todo “patas arriba”, claro. La cocina entera estaba en el patio, el ternero husmeaba entre los cacharros y Ruby improvisaba su cocina en cualquier rincón.
Una vez todo enfocado, Nehru, Ruby y yo salimos una vez más de compras con un nuevo conductor al volante del rickshaw, ya que Rogesh estaba comprando el tapizado de los sillones. Paramos en una tienda muy grande de artículos de cocina y compramos bastantes cosas que a Ruby le hacían falta, como un estante para la vajilla, 3 calderos de distintos tamaños, 4 espumaderas nuevas (las que habían estaban negras), una vasija para el agua potable y 3 cuchillos. Hasta ese momento sólo había un cuchillo en la cocina, cuadrado y completamente negro del óxido. El otro día me dio por comprar una piña preciosa y después de tardar 45 minutos en cortarla con aquel cuchillo, se me había quitado el hambre y la acabé repartiendo entre los niños. Obviamente fue la primera y última piña que compré, ¡qué sufrimiento! Con razón me decía Nehru, ¡yo nunca compro piña! Ahora entiendo porqué. Él me lo reconoció, ¡demasiado trabajo, cortarla! Claro, con aquel cuchillo a mí me dio hasta agujetas en el brazo. Ruby se quedó encantada con sus nuevos artículos de cocina. La verdad, es que cada vez que miro fríamente la cocina (pocas veces, por mi supervivencia), me dan ganas de vomitar. Poco a poco me he ido acostumbrando, pero aún no entiendo cómo me he podido comer todo lo que me han puesto cocinado en ese espacio tan negro y tan sucio y con esos cacharros quemados y espumaderas oxidadas, pisoteados por varias cucarachas y fregados con un manojo de paja. Ahora todo pinta diferente. La cocina la han empezado a pintar y nuevos artículos de cocina han entrado. Ya saben fregar con el estropajo y el lavavajillas y espero que mantengan la higiene en un espacio tan importante como la cocina. Cuando coloquemos todo parecerá una casa nueva. Estoy emocionada.
Al terminar nos vinimos a casa a dejar las nuevas compras y a comer. Como en la casa estaban pintando, decidí comer en el patio, sentada al borde del pozo. Allí tuve un rato de tranquilidad, mirando a las vacas, escuchando el vaivén de los cocoteros, temiendo que me cayera un coco en la cabeza y mirando cómo las preciosas ardillas saltarinas subían y bajaban de las palmeras con esa agilidad. A dos metros de mis pies pasó una ardilla corriendo, pero algo raro había en ella: su cola no tenía pelo… ¡Es una rataaaaaaaaaaaaaaa! ¿Las ratas también son saltarinas en este país? Gracias a que el pozo tiene una reja, porque me hubiera caído por él del susto que me llevé. Se había escondido entre el montón de piedras del patio. Por un rato no sabía dónde ponerme a terminar de comer, pero volví a mi sitio, total… ya estoy curada de espantos. Sabía que aquí también habían ratas, hubiera preferido no verlas, pero en fin, están ahí igualmente, así que qué más da.
Al terminar de comer nos pusimos en marcha de nuevo y nos dirigimos a la tienda de las telas. Allí pudimos comprar todos los metros de telas necesarios para que el costurero haga los uniformes de los colegios. Al llegar a casa, vino el costurero a supervisar las compras y a llevarse el material para empezar a trabajar. Antes de irme quiero ver los uniformes hechos, así que nos corre prisa. Nos faltaron dos metros de tela blanca así que iremos mañana a por ella.
A las 20h estaba cenando unas torrijas porque a las 21:30h nos poníamos en marcha. Era luna llena y tocaba caminar. La ciudad de Tiruvannamalai está enclavada en las faldas de la montaña sagrada Arunachala. En la ciudad se encuentra además un importante templo dedicado a Shiva, uno de sus dioses más adorados. Para la religión hindi es tradición en las noches de luna llena caminar a lo largo del perímetro de la montaña durante la noche, haciendo paradas en los distintos templos de los infinitos dioses a los que adoran. Es una noche muy especial, vienen personas de todas las partes del sur de la India y la ciudad se rebosa de gente. La gente camina con devoción, descalza y a paso ligero. Es como una corriente que te lleva y si te paras, te arrastran. Las vacas taponan a veces la corriente, ya que la gente se para a tocarlas para luego besarse las manos, así como para alimentarlas; para ellos es un animal sagrado y uno de sus dioses. En total son 15 km que hacemos en 5 horas. A pesar de que aquí somos todos cristianos, el año pasado tenía curiosidad por ir y me acompañaron Martin (hijo del matrimonio) y un amigo. Este año se ha apuntado más gente y fuimos: Rogesh (que él sí es hindi), Martin, Gladys, un amigo de Martin y 3 de los niños mayores. Salimos muy contentos y con muchas ganas. Para llegar a la falda de la montaña hay que atravesar la ciudad, así que hicimos 1 km más. Este tramo fue horroroso. Vi imágenes que estoy deseando olvidar y borrar de mis retinas. Las orillas de las calles estaban repletas de gente que agitaba sus cacharros con unas pocas rupias. Había gente con sólo dos dedos en las manos, con un dedo en el pie, con media nariz… ¿qué era aquello? ¿Lepra? Había gente con el cuerpo repleto de ampollas, gente esquelética, gente reptando por el suelo en medio de la carretera, todos gritando y extendiéndote su cacharro. De pronto me vi inmersa en la peor de mis pesadillas. ¡Qué angustia! ¿Cómo se puede vivir así? Pensaba que ya estaba curada de espantos, pero estaba equivocada, aquello me superó. Mi cara se transformó. Los niños miraban con asombro mientras yo les tapaba los ojos. “Don´t look, don´t look!”, les repetía. Sólo tenía ganas de salir corriendo, pero la masa te llevaba…
Al salir de la ciudad todo era diferente, sólo estábamos los que íbamos a caminar, que éramos unos cientos de miles. La noche estaba súper agradable, la luna llena alumbraba la silueta de la montaña y corría el aire. Las mujeres llevaban unos saris preciosos, flores en el pelo y muchas, cargaban a sus pequeños dormidos. Las colas para entrar a los templos eran largas y en muchos de ellos servían hojas con un puñado de arroz que la gente devoraba. En la puerta de cada templo había un fuego encendido con piedras de alcanfor, que dan un aroma agradable, y los hindis cogen el humo con sus manos y se lo pasan por la cara como ritual. Llegado el kilómetro 10, las orillas de las carreteras se convierten en dormitorios, la gente se acuesta con lo puesto en las cunetas y aceras a dormir cuando ya no pueden más, para continuar al despertar con la marcha. Es una experiencia muy bonita, la verdad.
Nosotros íbamos también a paso ligero. Los niños me escoltaban y no me soltaron la mano ni un segundo. Me cuidaron como nunca. Un niño a cada lado, no fuera que me fuera a perder entre la muchedumbre y no me encontraran jamás. Gladys me daba conversación, nos reímos bastante. Mucha gente se paraba a preguntar a los niños que quién era yo y porqué me agarraban de la mano. Hay gente muy curiosa por estas tierras. Los niños me defendían, con ellos estaba a salvo de todo y de todos. Pasado el kilómetro10 parecíamos un grupo de borrachos andando. El sueño nos invadió y muchos caminábamos haciendo eses. Los pobres niños no podían con su alma, ¡y mira que se los advertí! Pero ellos querían venir, ya eran grandes y no se lo iban a perder. Hicimos 2 paradas para descansar las piernas y refrescarnos con algo de beber.
Al volver a la ciudad, nos quedaba aún 1 km para llegar a casa, el cual se estaba haciendo eterno. Gladys no podía con el dolor de sus piernas, Martin y compañía iban a paso de tortuga y se paraban en cualquier esquina llena de cucarachas a descansar y los niños parecían zombis. Yo empezaba a desesperarme y pedí a Rogesh que pillara un rickshaw. Cuando quedaban sólo 400 metros para llegar lo encontramos y nos subimos Gladys, los 3 niños y yo. Pero a 3 metros había un policía con ganas de marcha. ¡Horror! El policía para el rickshaw y pregunta a Gladys que quién es Martin. “Es mi hermano “, responde. Martin está en la edad del pavo y le encanta andar con su camisa abierta dejando ver su camisilla de tirantes ajustada. Martin nos alcanzó y el policía le preguntó que qué maneras son esas de ir por la calle, con la camisa sin abrochar. Él respondió que estaba sudando, a lo que el policía contestó: “¿sudando? ¿A que te meto una hostia?". El puño cerrado del simpático policía se paró en seco a un cm del ojo de Martin. Se vio que el señor no es seguidor de Gandhi y la no violencia. Fue entonces cuando mi cuerpo empezó a temblar. “Ya verás, ahora me amenaza a cambio de dinero y me despluma”, pensé. Me sentía impotente, no podía hacer nada y no entendía un pimiento. Martin se abrochó la camisa botón a botón y tras un largo interrogatorio en el que el policía ni me miró, nos dejó marchar. ¡Menudo susto! ¿Por qué hizo eso? Según Martin quería impresionar… y lo consiguió.
Alcancé mi cama a las 03:00h sana y salva y, con un sabor agridulce, entré en un sueño plácido en el que mi cuerpo descansó de una larga y anecdótica caminata.